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Sobre la expulsión de Carlos Pulido de La Isla 2.

Como bien saben, me encanta la televisión. Y uno de los programas que ha llamado mi atención, últimamente, es La Isla 2. Sí, la dos, la uno no tuve el chance de ver. 

El formato tiene tanta calidad como la versión en la que está inspirada (Survivor, Suecia, 1997) y estamos a casi 20 años de distancia y, honestamente, aunque no es nuevo, el programa consigue atraparte o desaburrirte.

El caso es que, en la última “prueba territorial”, el pescador Carlos Pulido tuvo un altercado físico y verbal con la actriz Cecilia Ponce. Para el juicio de expulsión, los participantes decidieron que el tiempo de Carlos en La Isla se había terminado.

Cuando le preguntaron a Carlos que qué se llevaba de La Isla, este hombre aseguró que sólo hipocresía y ninguna experiencia. No tomó sus “pertenencias”, al contrario, caminó al tiempo que se encueraba completamente y se adentraba en la selva. Y ¿saben qué? ¡Qué chido!

La Isla es un morbo televisivo muy delicioso en el que, como mexicanos pusilánimes que somos, nos identificamos con “el pobre”, “el enfermo”, “el que no es famoso”. En La Isla todos están parejos a la expectativa de que “el mejor” gane y, nosotros, los “desconocidos”, ganamos casi siempre. Entonces, es muy placentero ver cómo “los que siempre han tenido” tienen que aguantar el frío, el hambre pero, más que otra cosa, la derrota.

La salida de Carlos estuvo mal por varias cosas:

1.- Él no comenzó la pelea con Cecilia Ponce; y aunque haya coprotagonizado la bronca, la sanción JUSTA hubiera sido expulsarlos a los dos.

2.- Que hayan sido los integrantes de La Isla los que votaran por el expulsado. Si en un equipo son 6 y en el otro 4, y uno de ellos no iba a votar por sí mismo… ¡obviamente 6 contra 3 le daban la expulsión a Carlos! Y que no se nos olvide que él tenía inmunidad. O sea, castigaron a quien no debían ¡hasta los de su propio equipo!

3.- La Isla no sabe controlar este tipo de conflictos que, como “reality show” debe estar atento a prevenir.

En síntesis, la salida de Carlos Pulido es un fraude para nosotros como televidentes. Creímos en que “estábamos parejos” y que debíamos trabajar en equipo, para subir de clase (playa alta, playa baja y todo eso). Desde el principio los “desconocidos” estuvieron relegados a pertenecer a un solo equipo (azul) y lo hicieron mejor que los “famosos” y “celebridades” juntos. Es decir, entre nosotros, se supone, nos cuidábamos y ¡miren nada más!

Hoy, ni los azules se acordaron de que Carlos era de los suyos ni a los otros les importó que se fuera “el pescador” porque él “no es famoso”, “él es hombre”, “ella es mi amiga, colega, actriz”… no obstante que fue ella, Cecilia Ponce, quien comenzó con la pelea.

Ni modo. 

Así que, desde hoy, veré La Isla como veo ¡TODOS LOS MALDITOS PROGRAMAS DE TELEVISIÓN!: con desconfianza. En una de esas, en vez de una isla desierta, en realidad es Cancún.

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